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LA FELICIDAD

 

Carlos Daniel Laurans (Argentina)

 

 

Desde el principio el hombre, consciente o inconscientemente, ha buscado la felicidad.
Se ha fijado metas, creyendo que al obtenerlas estaría asegurada, y por ello no miden esfuerzos, ni el tiempo empleados.
Mucho menos valoran las cosas que quedan en el camino.
Solo importa ser feliz, pero creyendo que será cuando consigan cosas en el futuro.
Piensan en que el día en que tengan pareja, los hijos se reciban o se casen, paguen sus deudas, hagan un viaje o dispongan de tiempo, al fin lo conseguirán.
Convencidos que sólo llega con el tener, luchan por un sueño y cuando lo obtienen, inmediatamente se dan cuenta que no tenía tanto valor como creían,
y surge uno nuevo. Una razón más para seguir, seguros de que cuando se materialice, esta vez, definitivamente serán felices.
Siempre dependiendo de lo exterior, buscan un estado especial del alma, que es en definitiva la felicidad.
Mientras tanto, en ese vivir con la mente en el futuro, la vida les pasa en el ahora. El minuto anterior ya es pasado, (mucha gente se encadena y el dolor que los
afecta no le permite vivir en plenitud).
Nos rodea una cantidad inmensa de cosas para disfrutar; y es cierto que la felicidad está en los pequeños hechos cotidianos. Es muy importante vivir a fondo el
momento, con todas las emociones que de ello se genera.
Muchas veces, nuestro ego no permite analizar las situaciones. Estamos convencidos de ser los dueños de la verdad, y cualquier cosa que no se adecue
(especialmente si alguien no responde como nos gustaría), nos produce profundo dolor. Si realmente amáramos, deberíamos estar satisfechos simplemente con
que esa persona sea feliz.

 

Si condicionamos la felicidad tanto a la conducta o emociones de otra persona, como a tener cosas materiales, estamos cambiando el eje de nuestra vida, porque
dependerá de algo ajeno, generando miedos o ansiedades. No depende de nuestra voluntad, y en cualquier momento podemos perderlos.
Se produce una dispersión muy grande de energía hacia cosas temporales, cuando en realidad la esencia de todo está dentro nuestro.

La única seguridad emerge del autoconocimiento, (Lo que no significa perfección), de estar seguros de uno mismo.



Todo depende de los enfoques. Frente al dolor, por ejemplo, se pueden tomar dos actitudes: replegarse y dedicar solamente a sufrirlo, autocompadecerse y llorar,
o analizar porqué se produjo y aprender de ello.
Porque al fin y al cabo, también forma parte de la vida, así como el nacer, morir, o ser feliz.
Muchas veces, al dolor lo producen los apegos (el deseo de poseer del ego). Nos negamos a perderlos, sin pensar la posibilidad de que tal vez sin ellos viviríamos
más tranquilos.
Se pueden elegir tres estados de conciencia en ese aspecto: Apego, Desapego y No apego.
Como ejemplo, podría tomarse el final de una relación de pareja:
Por apego, somos capaces de hacer cualquier cosa con tal de que se quede cerca nuestro, inclusive mentir o amenazar, y cuando la persona se va alejando,
sentimos a veces hasta un dolor físico. Desapegarse, es aceptar la elección del otro, y ser feliz a través de ello. No apegarse, además de esto, agradecerle lo feliz
que nos hizo mientras estuvo, ayudarlo a superar el momento y tal vez, regalarle una flor..
Es una utopía también, pensar en una situación de felicidad permanente. Se produce diariamente, al valorar los hechos cotidianos o circunstancias que nos
rodea, y mantenerla depende también del transcurso de la vida.
Cuando ese estado del alma se siente, el pecho se entibia, el sol parece más brillante, hay alegría, las cosas mejoran, y uno tiene ganas de vivir.
En realidad, no se necesita a nadie para ser feliz. Es un trabajo interior.
Y podría resumirse en tres pasos básicos:

1) Abrir la mente: Tal vez, y sólo tal vez, nuestra forma de pensar (la escala de valores) no se adecua ya a la realidad de la vida actual. No hay que olvidar
que el tiempo en que asumimos verdades ha cambiado, y nosotros seguimos empeñados en pensar que el mundo debería ser como creemos. Y si luchamos contra
ello, sólo nos traerá aparejado amarguras, cansancio y desazón, porque él sigue su marcha, y realmente no le importa lo que pensemos.
Lo mismo con las personas. Viven tratando de ser fieles a lo que creen es la verdad, con prescindencia de los demás, salvo que hayan aprendido a amar.
Sólo entonces resignarán algo por el otro.
Las ideas, deberían ser revisadas cada vez que alguna circunstancia nos duele o incomoda. Debemos permitirnos la posibilidad de estar equivocados.
Pero no quiere decir que debamos aceptar incondicionalmente lo que llega.
Esto es para todo lo que nos rodea, llámese situaciones de vida, relaciones, política o religión.

2) Abrir el corazón: Entender que las personas tienen diferentes tiempos de evolución. No tienen porque pensar igual que nosotros, ni manifestarlo como nos
gustaría que lo hicieran.
Debemos aprender a ser más pacientes; saber que no tenemos derecho a juzgar a nadie y mucho menos por la primera impresión; aceptarlos como son; a
pesar de lo que sentimos.
Escuchar y abrazar más, hacerles saber que ya no están solos, que hay alguien cerca para apoyarse.
Hacerles pensar también que modificando los enfoques podrían no ser tan afectados por lo que les aflige o los daña;
Amar, en definitiva, es llevar a alguien de la mano para que sea ella misma, y en consecuencia, cada vez más feliz.
Y todo ello nos conduce, inevitablemente al tercer paso:

3) Abrir las manos: Luego de cambiar la forma de pensar y abrir el corazón, sólo queda dar.
Surge de un deseo interior. (Todas las religiones dicen que allí habita Dios) y no significa simplemente desprenderse de cosas materiales.
Si comprendemos que cada persona está viviendo y luchando de acuerdo a lo que conoce y siente, no se puede menos que ayudar.
Porque al fin todos somos seres humanos iguales, con pequeñas diferencias fruto de experiencias de vida, pero en el fondo con los mismos miedos,
inseguridades y ganas de mejorar.
Y no importa sexo, edad o niveles culturales.

Es nuestra responsabilidad personal no permitir que otras personas intenten obligarnos a vivir de acuerdo a sus ideas o creencias. Sólo si del análisis
surge algo lógico, conviene modificar las estructuras mentales. Los paradigmas (ideas preconcebidas) solo cambian cuando del resultado de su aplicación nos
produce dolor.
Cuando una persona considera la posibilidad de cambiar sus ideas y lo hace, expresa lo que siente y da, se manifiesta íntegramente; es coherente con sí mismo,
y no depende de nadie para ser feliz.
Una buena opción es aplicar la conciencia en todos los actos de la vida. Entonces se captará una nueva realidad. Una mirada será diferente, y una flor, no
solamente colores. Se conectarán de nuevo las emociones; y se llegará también a percibir la alegría que produce estar cerca de la gente, la preparación de
una sorpresa o la cercanía de un encuentro.
El universo devuelve lo que se emite. Entonces, si una persona es feliz, manifiesta ganas de vivir, calma y ayuda a otros, en consecuencia eso recibirá. Es un
absoluto ida y vuelta. A la vez, crece, porque aprenderá en el proceso. Cuando más feliz sea, más dará, más recibirá, y ello le incentivará a aumentar el trabajo.

La felicidad no depende del éxito en conseguir metas externas, sino absolutamente de un camino interior, está en los pequeños logros obtenidos al construirla.
Claro que muchas veces es duro. Hay que ser muy valiente para encararlo, pero el premio, definitivamente, vale la pena.

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