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A Nahuel...

 

Sonrisa iluminada.

Siempre estás de festejos.

Revoltijo de gritos

y de alborotos.



Pequeño ser,

que de mi sangre bebiste la vida.




Capullo suave,

bañado de primorosa espuma.


Tus enormes ojos observan el mundo,



tan absortos,

 


tan ingenuos.




Que el cincel de tus marcas,

sea de azúcar y de miel.



Que tus heridas no dejen llagas,

en tu piel de algodón.



Que nunca una tristeza ensombrezca,

tu cristalina sonrisa.



Seguirás mi senda,

sin saberlo.




Los aciertos e incluso, los errores.



Busca la verdad de tu nombre…

Porque tu madre lo embebió en poesía;

lo bañó de magia


y de milagro.



Busca, pequeño; no te quedes.



Que el camino está abierto y,

 

estás entrando en el bosque…


 


Autor: Graciela María Casartelli

Unquillo, Sierras de Córdoba, Argentina.

Reservados todos los derechos.




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